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Los pacientes con cáncer tienen un riesgo de 4 a 7 veces mayor de tromboembolismo venoso (TVE) en comparación con las poblaciones sin cáncer, con un riesgo de recurrencia tan alto como un 15% por año.

Una nueva perspectiva vascular para la oncología

Médico revisando el corazón de paciente

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Durante las últimas décadas hemos presenciado una revolución sin precedentes en la terapia contra el cáncer, siendo testigos de la evolución de tratamientos con agentes citotóxicos relativamente inespecíficos, hacia terapias más selectivas y dirigidas molecularmente. Estos avances en el manejo del cáncer han permitido que una gran cantidad de pacientes con diagnósticos oncológicos tengan un mejor pronóstico, permitiéndonos ser los espectadores de una era en donde la medicina se ha vuelto una ciencia de gran precisión y cada vez más personalizada.

Sin embargo, a pesar de este enorme progreso existe un reconocimiento creciente de los efectos adversos de algunas de estas novedosas terapias, incluyendo la toxicidad cardiovascular a corto y largo plazo, lo cual ha impulsado el desarrollo del campo clínico de la cardio-oncología.

Aunque se ha prestado mucha atención a los efectos cardiomiopáticos de las terapias contra el cáncer, las secuelas vasculares han surgido como un tema importante más reciente. Durante la última edición del Congreso del Colegio Americano de Cardiología (ACC por sus siglas en inglés) a finales de marzo de 2020, el profesor Javid J. Moslehi, (director del programa de cardio-oncología en la Universidad de Vanderbilt) y Anju Nohria (Directora del programa de cardio-oncología en Dana-Farber/Brigham and Women’s Cancer Center) centraron sus ponencias en explicar los trastornos vasculares y su asociación a terapias para el cáncer.

Los eventos trombóticos asociados con el cáncer, tanto arteriales como venosos, se reconocen con mayor frecuencia en tumores malignos específicos como el cáncer de pulmón, colorrectal y gástrico, particularmente aquellos con enfermedad avanzada. Los pacientes con cáncer tienen un riesgo de 4 a 7 veces mayor de tromboembolismo venoso (TVE) en comparación con las poblaciones sin cáncer, con un riesgo de recurrencia tan alto como un 15% por año.

Por si fuera poco, sumado al riesgo trombótico per se del cáncer, ciertos tratamientos oncológicos novedosos aumentan el riesgo de eventos vasculares. De esta necesidad nace el campo de la vasculo-oncología, rama de la cardio-oncología con un mayor enfoque en la intersección de la oncología con la patología vascular.

¿Pero cuáles son estas novedosas terapias contra el cáncer y que tienen que ver con las patologías vasculares?

Las terapias contra el cáncer han sufrido un cambio de dirección de suma importancia, alejándose de las quimioterapias citotóxicas indiferentes entre células sanas y enfermas, hacia tratamientos ahora dirigidos específicamente a vías de señalización intracelular anormales que son fundamentales para el desarrollo y la progresión del cáncer. Muchas de estas anormalidades se deben a proteínas quinasas mutadas o sobreexpresadas que regulan el ciclo celular lo cual conduce a un crecimiento desinhibido de las células oncológicas.

 

En las presentaciones del Dr. Moslehi y la Dra. Nohria se hizo especial hincapié en dos grupos de tratamientos: Los inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular (anti-VEFG) y los inhibidores de la tirosin-kinasa (TKI). Dentro del primer grupo de fármacos, se ha visto un riesgo incrementado de enfermedad tromboembólica arterial y venosa por mecanismos como disminución de factores anti-plaquetarios, aumento de daño endotelial y agregación plaquetaria mediada por complejos inmunes. Mientras que en los TKI el riesgo trombótico es principalmente para oclusiones arteriales agudas con nilotinib y ponatinib, siendo el riesgo dosis-dependiente y relacionado con el perfil basal de riesgo cardiovascular de cada paciente.

 

Sin embargo, hay cosas que aún no quedan claras, ¿Dichos eventos se deben a aterosclerosis rápidamente progresiva, trombosis arterial in situ, embolia arterial? ¿O a algún otro proceso vascular, como el vasoespasmo? La definición de la naturaleza exacta de los eventos adversos es fundamental para desarrollar estrategias que puedan reducir el riesgo de efectos tóxicos cardiovasculares o incluso prevenir su aparición por completo, de modo que la eficacia anticancerígena pueda ser explotada al máximo.

 

A medida que la comunidad oncológica continúa desarrollando y utilizando nuevas terapias, la atención cardiovascular de los pacientes con cáncer se ha vuelto cada vez más compleja. Mientras que casi 5,000 pacientes son diagnosticados con cáncer cada día, para el año 2026 se esperan más de 20 millones de sobrevivientes de cáncer, por lo que debemos mejorar en la identificación de pacientes en riesgo cardiovascular. Así como la "medicina de precisión" ha revolucionado el tratamiento del cáncer, se debe incorporar un enfoque personalizado similar en la evaluación de toxicidad para cada paciente, insistiendo en la modificación intensiva de los factores de riesgo cardiovascular y ​​el monitoreo frecuente.